“El Ángel Gabriel anunció a María, y ella concibió por obra del Espíritu Santo”, son las palabras con las que iniciamos la oración del Ángelus, que se reza a los doce y a las seis.

Cuando recordamos que Dios se encarnó en el vientre de María, pueden venir mil cosas hermosas a la memoria, entre ellas la humildad de María, su sí a la voluntad de Dios.

“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, es lo que responde Nuestra Madre.

Dios hace un llamado a cada uno de sus hijos, pero de una forma muy particular lo hizo a María, para que fuera la madre del Salvador.

“Y el Verbo se hizo hombre, y habitó entre nosotros”, concuerda con las primeras palabras del evangelio de Juan: “En el principio ya existía el verbo, y el verbo era Dios y estaba con Dios”.

La Santísima Trinidad (Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo) existe desde el principio, son uno solo en un misterio supremo, incomprensible.

Porque a Dios no lo podemos comprender del todo, pero le podemos decir que sí, confiar en él y disponernos a su voluntad.

La actitud de la Virgen María frente al anuncio del Ángel es obediencia, fe, confianza y esperanza en que Dios mismo, por medio de ella, llevará a termino lo que pide.

Sí, nosotros somos un instrumento de Dios, y Él nos ama, preguntándonos, consiguiendo nuestro sí, pero el hombre nada puede sin Dios.

Es por medio del Espíritu Santo que sucede la encarnación, Dios inspira desde el inicio todo acto de amor. (Es muy bueno encomendarnos al Espíritu Santo antes de nuestra jornada o de hacer algo importante).

“No temas”, le dice el Ángel, como también Nuestro Señor dijo lo mismo cuando los discípulos lo vieron caminar sobre el agua: “No teman”.

Dios se hace presente en una forma en que a veces no lo comprendemos.

Y entrando el Ángel le dice: “Salve, llena de gracia, el Señor está contigo”, este saludo tiene un sentido de alegría, (Dios es alegría).

Lo recordamos en cada Avemaría, y volvemos a saludar a la Santísima Virgen como en el día más feliz de su vida, cuando concibió en su vientre al Salvador del Mundo.

Y si Dios está con nosotros, es la inmensa felicidad, es una primicia de buenas noticias. “Vas a concebir y a dar a luz un hijo, y le pondrás por nombre, Jesús”.

Es precioso ponerle este nombre a un varón, porque el nombre de Jesús significa el que salva de los pecados, además, no hay tantos elogios para otro nombre dentro de la Sagrada Biblia.

María hace una pregunta, sobre si es lícito lo que pasará, “¿Cómo podrá ser esto puesto que no conozco varón”, esta pregunta no duda del poder de Dios, sino que verifica que venga realmente de Él.

A diferencia de Zacarías, cuando se le anuncia que Isabel va a concebir, María no duda del poder de Dios, sabe que si ella dice “sí”, Dios va a obrar.

Ante esto, cuando tienes dudas, Dios responde, y el Ángel le dice :”El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso Él que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios”.

Si tienes dudas, pregúntale a Dios, acercándote al Santísimo Sacramento, haciendo oración, Él encuentra la forma de responderte en el caso de que realmente sea lo que Él quiere.

Y cuando tú estás seguro de qué es lo que Dios quiere de ti, no queda más que poner en nuestro corazón la misma respuesta que Nuestra Madre: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Hágase, Señor, con tu gracia y tu poder todo es posible. Confiamos en ti, tómanos como tus esclavos, dados por amor, al amor mismo que nos da amor.

Mari Ramírez Vásquez

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